No comenzó como una conspiración susurrada en sótanos oscuros. Comenzó en los tranquilos pasillos del mundo académico y en los rígidos pasillos de las legislaturas estatales. Se estima que en la década de 1970 unas 60.000 personas discapacitadas habían sido esterilizadas a la fuerza en más de 30 estados de Estados Unidos. La maquinaria de esta política fue aceitada por el movimiento eugenésico estadounidense, una pseudociencia que prometía una sociedad “más saludable” eliminando a aquellos considerados genéticamente no aptos.
El primer rayo de esta maquinaria legal se dio en Indiana en 1907. Ese estado aprobó la primera ley de esterilización eugenésica del mundo, sentando un precedente que se extendería por todo el país. Otros estados hicieron lo mismo y elaboraron sus propios estatutos para identificar y neutralizar a las personas que clasificaban como “defectuosas”. Esto no se limitó a una definición estricta de discapacidad. Arrastró a los pobres, a los criminales, a los enfermos mentales y a cualquiera que estuviera lo suficientemente marginado como para ser etiquetado como una carga para la sociedad.
La práctica no terminó claramente con el amanecer de un nuevo siglo. Algunos estados continuaron el procedimiento hasta bien entrada la década de 1970, mucho después de que el régimen nazi hubiera expuesto los horribles extremos de la eugenesia. Sin embargo, las consecuencias han estado marcadas por el silencio. La mayoría de los hospitales e instituciones médicas que realizaron estas cirugías nunca han reconocido formalmente su papel. No hay una disculpa generalizada. Sin registro central. Sólo una mancha persistente en la historia de la medicina estadounidense que continúa pudriéndose en las sombras de la salud pública.












