El ejército de robots que realmente salva vidas no se parecerá a Terminator. Olvídese de esos pequeños androides bailarines en China o del torpe Optimus de Elon Musk haciendo cabriolas para lucirse. El verdadero problema es microscópico. Hecho de algas y bacterias. Organismos vivos mezclados con partes sintéticas.
Los ingenieros los llaman microrobots biohíbridos.
Has visto este tropo antes. Espacio interior. Pastillas que se arrastran hasta los pulmones. Es un elemento básico de la ciencia ficción porque siempre hemos soñado con máquinas que puedan navegar por los capilares del cuerpo humano. Pequeños soldados cazando células cancerosas. Uno por uno.
Pero aquí la biología supera a la ingeniería. ¿Motores sintéticos? Se disuelven en minutos. ¿Algas? Ellos nadan. Y nadar.
“Las algas simplemente nadan y nadan”, dice el ingeniero biomédico Joseph Wang.
En UC San Diego, Wang unió fuerzas con el ingeniero químico Liangfang Zhang. Crearon enjambres de algas cyborg. Específicamente Chlamydomonas reinhardtia. Esta criatura unicelular tiene un flagelo, una cola que utiliza para remar. También le encanta la luz azul. Entonces, los investigadores hacen brillar luz azul a través de máscaras con formas recortadas.
Las algas se agrupan en formación. Círculos. Cuadrícula. La forma de África bajo un microscopio. Luego presionan el interruptor de la luz roja y el enjambre se dispersa. Es una programación sencilla. Azul significa movimiento. Rojo significa romperlo.
Para convertir a estos nadadores en médicos, pegan nanopartículas a la membrana de las algas. La fuerza electrostática lo mantiene todo unido. Vida media. Media máquina. Todo robot.
¿Por qué molestarse?
Porque las drogas actuales son vagas. Pasivo. Te tragas una pastilla y ésta circula por todas partes, afectando tanto al tejido bueno como al tejido malo. Efectos secundarios en abundancia. Estos nuevos bots están activos. Buscan su objetivo. Los médicos podrían guiarlos directamente hacia un tumor. O cree vendajes personalizados con algas vivas sobre una herida.
El ácido del estómago es otra bestia. Allí mueren las algas normales. Entonces el equipo fue a buscar a otra parte. Sitios mineros. Tierras baldías tóxicas y ácidas donde prosperan las algas resistentes. Esos resistentes supervivientes pronto podrían administrar medicamentos contra el cáncer dentro del revestimiento del estómago.
¿Quién hubiera imaginado que los lodos tóxicos son la cura?
Las bacterias magnetotácticas funcionan de manera diferente. Estos chicos navegan utilizando el campo magnético de la Tierra. Los científicos les colocan cargas útiles y luego dirigen el enjambre con electroimanes. No se necesita luz. Sólo un empujón magnético.
El objetivo es simple: terapias efectivas. Menos efectos secundarios. Tratamiento menos invasivo.
Esto tampoco es sólo para la salud humana.
El laboratorio de Wang aplica productos químicos a las algas para limpiar los ríos. Los robots se mueven por el agua durante días, absorbiendo toxinas hasta que el veneno desaparece. Otros equipos están probando robots totalmente sintéticos para la limpieza de plástico. La naturaleza proporciona el motor; nosotros proporcionamos el propósito.
El futuro no son los soldados humanoides. Son enjambres. Ejércitos invisibles de ayudantes microscópicos limpiando nuestros desastres o parchando nuestro interior.
Viven dentro de nosotros brevemente. Viajan en manadas afuera. Quizás la parte más aterradora de esta tecnología no sea lo que los robots pueden hacernos, sino lo que nos obligarán a darnos cuenta sobre la escala de nuestros propios cuerpos. Solo somos ecosistemas esperando ayuda.
