додому Entretenimiento Música Cómo evolucionaron el folklore, el arte y las canciones populares: una historia...

Cómo evolucionaron el folklore, el arte y las canciones populares: una historia de la voz

Cantar es la forma más antigua de combinar el habla y la música. Proyecta una pasión que una conversación normal no puede igualar. Pero no todos los cantos son iguales. La forma en que una sociedad canta refleja sus valores. Algunas culturas prefieren un tono relajado y natural. Otros exigen voces tensas y altamente entrenadas con una enunciación precisa. En Occidente, trazamos una línea dura entre tres tipos principales de música vocal: canciones populares, canciones artísticas y canciones populares.

La raíz de la canción popular

Las canciones populares son la base de la música comunitaria. Suelen cantarse sin acompañamiento o con un solo instrumento como una guitarra o un dulcémele. Lo más importante es que se aprenden de oído. Esta tradición oral los hace fluidos. Las notas y las letras cambian a lo largo de generaciones. Los compositores rara vez son conocidos, si es que alguna vez existieron.

Estas canciones tienen un propósito. Acompañan labores, bailes, cortejos o ceremonias religiosas. También cuentan historias. Las baladas angloamericanas están orientadas a la acción y a menudo se centran en acontecimientos trágicos. Las canciones líricas son más sentimentales. Las melodías son sencillas. Por lo general, hay sólo una o unas pocas notas por sílaba. El lenguaje es repetitivo y fácil de entender. Sin embargo, en algunas tradiciones el registro del canto es tan especializado que el oyente medio no puede distinguir las palabras.

El auge de la canción del arte

Las canciones artísticas se encuentran en el extremo opuesto del espectro. Están destinados a cantantes profesionales o cuidadosamente formados. La partitura está escrita, lo que hace que las notas sean resistentes a modificaciones casuales. El acompañamiento suele ser un piano o un conjunto instrumental completo.

Este género es un fenómeno urbano con profundas raíces en las cortes, colegios e iglesias medievales. Los trouvères y trovadores del siglo XII dejaron un enorme corpus de versos cantados. Sus melodías eran sutiles, muy organizadas y reflejaban la sociedad aristocrática. Los primeros manuscritos no muestran acompañamiento escrito, lo que implica que fue improvisado por el intérprete.

A medida que la música polifónica creció en Europa durante los siglos XIII y XIV, los compositores asignaron la melodía principal a una voz solista. En el siglo XV, las texturas complejas amenazaron el dominio de la línea vocal. Siguió una reacción. Las canciones se volvieron escasas y dependían sólo de unos pocos acordes. En el siglo XVI, la claridad del texto volvió a ser la prioridad.

El cambio de estilo y estructura

El siglo XVII trajo la música dramática. Dividió la canción en dos formas distintas: recitativo y aria. Los recitativos estaban orientados a las palabras y eran libres, con acordes mínimos. Las arias eran virtuosas y melódicamente elaboradas. Arias acabó dominando la ópera y el oratorio. Las canciones solistas fuera de estos géneros recibieron poca atención. Mozart y Haydn ni siquiera consideraron sus canciones solistas entre sus mejores trabajos. Mientras tanto, las canciones estróficas simples con acompañamiento de teclado prosperaron en la música popular.

El siglo XIX cambió todo para la canción artística. Franz Schubert elevó la forma con una realización dramática. Robert Schumann y Johannes Brahms aprendieron de él. Utilizaron el acompañamiento para transmitir un significado significativo, no sólo para apoyar la melodía. Felix Mendels fue más allá con Canciones sin palabras (1832-1845). Estas piezas para piano sin texto evocaban imágenes poéticas únicamente a través del sonido. Compositores franceses como Gabriel Fauré y Claude Debussy agregaron armonías cambiantes y caleidoscópicas, reflejando los fluidos patrones de acento de su idioma.

Experimentación moderna y límites vocales

Los compositores posteriores siguieron superando los límites. Ampliaron el rango del cantante, tratando a veces la voz como un instrumento. George e Ira Gershwin incorporaron el canto scat en su ópera de 1935 Porgy and Bess. Esta técnica de improvisación de jazz utiliza sílabas sin sentido para imitar solos instrumentales.

Hoy vemos que esa tradición continúa. Bobby McFerrin, un vocalista estadounidense de finales del siglo XX y principios del XXI, sorprendió al público. Utilizaba únicamente su voz para imitar instrumentos individuales y conjuntos completos. La voz humana sigue siendo un instrumento ilimitado. Se adapta, cambia y absorbe nuevas técnicas manteniendo su núcleo antiguo.

¿Qué sucederá cuando la tecnología nos permita manipular aún más la voz humana? La línea entre lo natural y lo artificial podría volver a desdibujarse. Todavía estamos escribiendo ese capítulo.

Exit mobile version