El Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE. UU. (HHS) cambió drásticamente en mayo las recomendaciones de la vacuna Covid para personas embarazadas y niños, basándose en memorandos internos que, según los críticos, ignoraron una gran mayoría de la evidencia científica disponible. Los cambios, que incluyeron la eliminación de recomendaciones de rutina para las vacunas de ARNm, se realizaron a pesar de cientos de estudios que respaldan su seguridad y eficacia.

¿Ideología sobre evidencia?

Según documentos revelados a través de una demanda presentada por la Academia Estadounidense de Pediatría, los funcionarios “omitieron el 99%” de datos relevantes antes de poner fin a la recomendación de la vacuna. Un memorando sobre vacunación durante el embarazo y la infancia, fechado el 12 de mayo, contenía sólo 12 citas, incluidos estudios escritos por el propio autor del memorando. Este enfoque es “muy inusual”, según los expertos que anteriormente asesoraron al Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización (ACIP).

Desconexión Internacional

La medida de Estados Unidos lo desfasa de organizaciones sanitarias mundiales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), que sigue recomendando la vacunación contra el Covid para poblaciones en riesgo. Los expertos señalan que la decisión se basó en “perspectivas sesgadas” y no en citas basadas en evidencia.

Riesgos para personas embarazadas y bebés

Poner fin a la recomendación plantea riesgos para las mujeres embarazadas y sus bebés. La infección por Covid está relacionada con complicaciones placentarias, prematuridad y muerte fetal, mientras que la vacunación reduce de manera demostrable estos riesgos. Los bebés menores de seis meses, que aún no pueden ser vacunados, son particularmente vulnerables. La vacunación durante el embarazo ayuda a protegerlos, y la confusión sobre las vacunas maternas puede provocar que los bebés se salten las vacunas.

Los niños también corren riesgo

Los funcionarios también afirmaron que “no hay evidencia clara” de que las vacunas Covid superen los riesgos en niños menores de 18 años, al tiempo que ignoraron los estudios que muestran una reducción de las complicaciones a largo plazo como la miocarditis y la hospitalización. El HHS aún tiene que responder a las preguntas sobre el proceso de toma de decisiones.

Los cambios abruptos generan preocupación sobre la politización de las recomendaciones de salud pública. Si los formuladores de políticas priorizan la ideología sobre los datos, las consecuencias podrían ser nefastas tanto para los individuos como para los resultados de salud pública.