El nuevo Plan de Agricultura Sostenible (SFS) de Gales entró en funcionamiento el 2 de enero de 2026, lo que marcó un cambio fundamental en la política agrícola tras la salida del Reino Unido de la Unión Europea. El plan, que lleva años de elaboración y nació de importantes protestas de la industria, tiene como objetivo reemplazar el modelo de subsidio anterior basado en la UE con un enfoque más ecológico y sostenible.
El alejamiento de los pagos basados en la tierra
Durante décadas, las granjas galesas recibieron más de £300 millones al año en subsidios de la UE, distribuidos principalmente en función de la propiedad de la tierra. El SFS representa una revisión completa de este sistema, que exige que los agricultores cumplan una serie de criterios medioambientales para tener derecho a los pagos. Esto incluye dedicar al menos el 10% de sus tierras a la gestión del hábitat, una condición que muchos productores de leche afirman que no pueden cumplir.
Respuesta de la industria y debate político
La implementación ha suscitado reacciones encontradas. El Sindicato de Agricultores de Gales (NFU Cymru) reconoce que el plan es ahora “aceptable para la industria” después de lo que describen como una “enorme montaña rusa” de negociaciones. El secretario de Asuntos Rurales, Huw Irranca-Davies, lo saluda como un “momento histórico” para la agricultura galesa, pero reconoce que la prueba crucial será la participación de los agricultores.
El debate se extiende a todo el espectro político. Los conservadores galeses critican al SFS por priorizar los objetivos medioambientales sobre la seguridad alimentaria, mientras que Plaid Cymru pide una transición más gradual con garantías de financiación plurianuales. Reform UK sostiene que el plan socava la economía rural y el Partido Verde insta a aumentar la inversión para igualar la escala de los cambios requeridos.
Requisitos clave e implicaciones financieras
Según el SFS, las granjas deben comprometerse con 12 “acciones universales”, incluido el mantenimiento de setos, la reducción del uso de pesticidas y la participación en educación agrícola sostenible. Hay financiación adicional disponible para proyectos medioambientales más ambiciosos. Los agricultores se enfrentan a una elección: unirse al SFS y cumplir los criterios, o seguir con los antiguos subsidios y aceptar un recorte del 40% en los pagos este año.
Preocupaciones e incertidumbres
A pesar de las mejoras, algunos agricultores expresan su preocupación por la viabilidad del plan. El productor lechero Gethin Hughes, si bien apoya los cambios, señala que muchos colegas carecen de la tierra necesaria para el hábitat y pueden verse obligados a reducir el ganado. Grupos ambientalistas como RSPB Cymru argumentan que los pagos iniciales solo pueden mantener los hábitats existentes, en lugar de impulsar una restauración ecológica significativa.
El éxito del SFS depende de la adopción por parte de los agricultores y del compromiso del gobierno de Gales con la financiación a largo plazo. El verdadero impacto del plan se revelará a medida que los agricultores naveguen por las nuevas regulaciones y el gobierno evalúe las tasas de participación en los próximos meses.
