La ambición del Acuerdo de París de 2015 de limitar el calentamiento global a 1,5°C por encima de los niveles preindustriales está efectivamente muerta, a pesar de la retórica actual. Si bien la adopción de energías renovables y las ventas de vehículos eléctricos han aumentado, las emisiones de gases de efecto invernadero siguen aumentando (más de 41 gigatoneladas de dióxido de carbono al año) mientras los planes de expansión de los combustibles fósiles continúan sin cesar.
La ilusión de un objetivo, no un límite
El fracaso se debe a un malentendido crítico: 1,5°C se trató como un objetivo en lugar de un límite estricto. Los objetivos están destinados a alcanzarse, mientras que los límites están diseñados para mantenerse por debajo. En el momento de la Conferencia de París, el planeta ya se había calentado más de 1°C, con un calentamiento de aproximadamente 0,18°C por década. Este margen de tiempo percibido permitió a los gobiernos y a las corporaciones de combustibles fósiles retrasar acciones significativas bajo el pretexto de “seguir como siempre”. ¿El resultado? Cada año se bombean a la atmósfera otras 37 gigatoneladas de dióxido de carbono.
Por qué los nuevos límites también fallarán
El debate sobre un nuevo umbral de temperatura que sustituya a 1,5°C está equivocado. Las propuestas de 1,6°C o 1,7°C correrán inevitablemente la misma suerte, convirtiéndose en meros objetivos en lugar de límites aplicables. Al ritmo actual de calentamiento (ahora de 0,27°C por década), incluso estos umbrales más altos se superarán a mediados de la década de 2030. No existe una posibilidad realista de reducir las emisiones lo suficientemente rápido como para mantenerse por debajo de cualquiera de estas marcas.
La necesidad de una rendición de cuentas instantánea
En lugar de perseguir límites inútiles, la atención debería centrarse en el seguimiento transparente y en tiempo real del aumento de la temperatura global. La metodología actual para confirmar las infracciones (esperar una década después de que ocurran) hace que el sistema carezca de sentido. Ya existe un método, desarrollado por la Oficina Meteorológica del Reino Unido, que permite la medición instantánea de la temperatura media global anual.
La propuesta del termómetro terrestre
Para que esta información sea accesible, un “termómetro terrestre” actualizado cada 12 meses proporcionaría un punto de referencia inequívoco de nuestro impacto. Siguiendo el modelo del Boletín del Reloj del Apocalipsis de los Científicos Atómicos, un anuncio anual podría poner de relieve tanto el aumento de la temperatura como los puntos de inflexión irreversibles que se están cruzando.
La falta de actuación con suficiente rapidez ha dejado obsoleto el objetivo de 1,5°C. Establecer objetivos nuevos y fácilmente ignorados sólo agravará el problema. La solución no es redefinir la línea en la arena, sino mostrar al mundo, en tiempo real, qué tan rápido la estamos cruzando.
La crisis climática exige una rendición de cuentas inmediata, no confirmaciones demoradas ni objetivos cambiantes. Sin una acción urgente, el planeta se está encerrando en un futuro cada vez más peligroso.















