Durante más de un siglo, la identidad y la fecha exacta de muerte de una mujer enterrada en un ataúd de troncos excepcionalmente conservado en Polonia siguieron siendo un enigma. Ahora, un nuevo estudio ha resuelto la discrepancia, confirmando que vivió en el siglo II d.C., no siglos antes, como sugería la datación por radiocarbono anterior. El descubrimiento ofrece una visión poco común de las prácticas funerarias de la cultura Wielbark, vinculada a los godos, y destaca los desafíos de datar con precisión restos antiguos.
El descubrimiento y la confusión inicial
El ataúd, apodado el de la “Princesa de Bagicz” debido a su inusual estilo de entierro y artefactos, fue descubierto en 1899 después de caer de un acantilado erosionado cerca del pueblo de Bagicz en el noroeste de Polonia. Este es el único sarcófago de madera conservado de la Edad del Hierro romana, tallado en un solo tronco de árbol.
Los primeros análisis situaron su muerte en algún momento de la época romana, pero la datación por carbono de su diente arrojó fechas contradictorias, que van del 113 a. C. al 65 d. C. Esta discrepancia desconcertó a los arqueólogos porque significaría que era más antigua que los artefactos enterrados con ella.
El avance dendrocronológico
Para resolver este conflicto, los investigadores dirigidos por Marta Chmiel-Chrzanowska de la Universidad de Szczecin utilizaron la dendrocronología: el estudio de los anillos de los árboles. Al analizar los anillos de crecimiento en la madera del ataúd, determinaron que el roble fue talado alrededor del año 120 d. C., lo que significa que el ataúd probablemente se construyó poco después. Esto se alinea con el estilo del ajuar funerario que se encuentra en el interior, incluido un alfiler de bronce, cuentas de vidrio y ámbar y pulseras de bronce.
El equipo concluyó que la fecha anterior por radiocarbono del diente de la mujer probablemente era inexacta. La datación por carbono puede verse sesgada por factores dietéticos, en particular el consumo de mariscos, ya que el carbono marino es más antiguo que el carbono terrestre. Este fenómeno, conocido como efecto reservorio marino, puede retrasar las fechas cientos de años.
Lo que esto revela sobre el pasado
El caso ilustra cómo las condiciones ambientales pueden preservar hallazgos arqueológicos raros. El clima húmedo de Bagicz ayudó a que el ataúd de madera sobreviviera durante siglos, un testimonio de la durabilidad del roble en condiciones específicas. En términos más generales, la investigación subraya la necesidad de una interpretación cuidadosa de las fechas de radiocarbono, especialmente cuando se trata de restos humanos antiguos.
Se estima que la mujer tenía entre 25 y 35 años cuando murió. Mostraba signos de osteoartritis, lo que sugiere un trabajo físicamente exigente. Al contrario del apodo de “princesa”, probablemente representaba a un miembro típico de la cultura Wielbark.
Investigación futura
Los investigadores ahora están intentando realizar análisis de ADN para aprender más sobre su ascendencia y orígenes. Los intentos anteriores fracasaron, pero el equipo planea perforar su cráneo para obtener muestras sin causar daños significativos. La Princesa de Bagicz sigue ofreciendo valiosas pistas sobre la vida y la muerte en la antigua Europa.
La preservación de este ataúd es una anomalía notable, que proporciona una ventana poco común a las prácticas funerarias y las condiciones ambientales que permitieron una supervivencia orgánica tan excepcional. El caso refuerza la importancia de combinar métodos de datación con análisis contextual para reconstruir el pasado con precisión.















