El ámbar fósil no sólo preserva las formas de vida de hace millones de años; captura instantáneas de las relaciones ecológicas, incluido el parasitismo potencial y las interacciones simbióticas. Un nuevo estudio publicado en Frontiers in Ecology and Evolution detalla el análisis morfológico de seis especímenes de ámbar de las regiones báltica, dominicana y birmana, ofreciendo una visión sin precedentes del comportamiento de los insectos antiguos.
Una ventana a la vida prehistórica
El paleontólogo Dr. José de la Fuente, del Instituto de Investigación de Caza y Vida Silvestre, explica: “Las inclusiones de ámbar son representativas de posibles interacciones entre diferentes organismos que dan forma al medio ambiente”. El estudio examinó el ámbar que data de los períodos Cretácico, Eoceno y Oligoceno (que abarcan hace entre 99 y 23 millones de años) para identificar hormigas fósiles junto con otras criaturas atrapadas. Este fenómeno, conocido como sininclusión, es raro pero muy informativo.
La investigación diferencia entre “hormigas madre” (formas tempranas sin descendientes modernos) y “hormigas corona” (antepasadas de todas las especies de hormigas vivas en la actualidad), junto con “hormigas infernales” más derivadas. Encontrar ambos tipos dentro del ámbar proporciona una imagen más clara de la evolución de las hormigas a lo largo de decenas de millones de años.
Evidencia de interacciones antiguas
Los investigadores utilizaron microscopios de alta potencia para medir meticulosamente las distancias entre las hormigas y otros insectos dentro del ámbar. En tres especímenes, se encontraron hormigas muy cerca de los ácaros, lo que sugiere una relación directa.
- En un caso, se encontró una hormiga corona con dos ácaros tan cerca que podrían haber estado haciendo autostop sobre ella.
- Otro ejemplar contenía una hormiga de tallo y una araña.
- En un tercero había una hormiga infernal, un caracol, un milpiés e insectos no identificados.
La evidencia más convincente proviene de un cuarto espécimen donde una hormiga de tallo estaba a solo 4 mm de un ácaro, lo que plantea la posibilidad de comensalismo (el ácaro usa la hormiga para transportarse) o parasitismo (el ácaro se alimenta de la hormiga).
¿Parasitismo o viajes gratis?
El estudio sugiere dos escenarios principales para estas interacciones cercanas:
- Comensalismo: Los ácaros pueden haberse adherido a las hormigas para dispersarse a nuevos hábitats.
- Parasitismo: Los ácaros pueden haber explotado a las hormigas como huéspedes durante el transporte, alimentándose de ellas.
Aunque confirmar definitivamente estos comportamientos es un desafío, la proximidad de los organismos dentro del ámbar hace que estas interacciones sean muy probables. El hallazgo es significativo porque sugiere que existieron relaciones ecológicas complejas mucho antes de lo que se pensaba.
Investigaciones futuras y la importancia del ámbar fósil
Investigaciones adicionales, incluida la exploración por micro-CT, podrían revelar estructuras de unión en los ácaros, proporcionando pruebas más sólidas de su comportamiento de autostop. “Para mejorar el análisis de las interacciones entre diferentes organismos en inclusiones de ámbar fósil, las investigaciones futuras deberían utilizar técnicas de imagen avanzadas”, señala el Dr. de la Fuente.
Estos hallazgos no sólo iluminan el comportamiento de los insectos y los hábitos ecológicos hace millones de años, sino que también demuestran el notable potencial de conservación del ámbar fósil. El estudio subraya el valor de estas inclusiones como evidencia crítica para comprender los ecosistemas prehistóricos y la evolución de las interacciones entre especies.
El estudio confirma que las inclusiones de ámbar no son sólo objetos bonitos, sino que contienen información crítica sobre el comportamiento y los hábitos de los insectos antiguos.
