Estados Unidos está remodelando drásticamente su enfoque de la ayuda sanitaria mundial, alejándose de las subvenciones tradicionales y, en cambio, vinculando miles de millones de dólares en financiación a compromisos de los gobiernos receptores. Esta medida, encabezada por el Departamento de Estado, tiene como objetivo reemplazar el sistema de larga data anteriormente administrado por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).
Nuevos acuerdos, financiación reducida
Durante el mes pasado, Estados Unidos cerró acuerdos con 16 naciones africanas, prometiendo más de 11 mil millones de dólares en asistencia sanitaria para los próximos cinco años. Se están llevando a cabo negociaciones con docenas de países más en Asia y América Latina. Sin embargo, estos compromisos representan una reducción significativa en la financiación general en comparación con los niveles anteriores a la administración Trump.
Un análisis de Partners in Health revela fuertes recortes:
– Ruanda se enfrenta a una reducción del 69%
– Madagascar: descenso del 61%
– Liberia: 42% menos ayuda
– Eswatini (donde el 25% de los adultos viven con el VIH): caída del 34% en la financiación
¿Un cambio en la dinámica del poder?
Si bien los recortes son sustanciales, algunos gobiernos y analistas africanos lo ven como un avance positivo. El nuevo marco podría aumentar la propiedad de los países sobre los programas de salud, reduciendo la dependencia de la ayuda externa. Otros critican los acuerdos como explotadores, argumentando que fueron negociados desde una posición de desequilibrio de poder e imponen condiciones poco realistas.
La estrategia estadounidense prioriza explícitamente el gasto que beneficia los intereses estadounidenses, haciendo que Estados Unidos sea “más seguro y más próspero”. Esto se ejemplifica en las estancadas negociaciones con Zambia, donde Washington busca acceso a la riqueza mineral del país a cambio de continuar financiando su crítico programa de tratamiento del VIH. Este acuerdo recortaría la financiación sanitaria de Zambia en más del 50%.
Una “reinvención” de la ayuda exterior
Según Jeremy Lewin, subsecretario de Estado en funciones, estos acuerdos marcan la primera fase de una revisión completa del sistema de ayuda exterior existente, que describe como “fallido y disfuncional”.
Este enfoque plantea interrogantes sobre el impacto a largo plazo en la salud pública, especialmente en países que dependen en gran medida de la ayuda estadounidense. La reestructuración prioriza el apalancamiento estratégico sobre las necesidades humanitarias, lo que podría socavar décadas de progreso en el control de enfermedades y el acceso a la atención médica. El nuevo sistema probablemente obligará a los países receptores a equilibrar las prioridades de salud con las concesiones políticas y económicas a Estados Unidos.















