Si bien la mayoría de los visitantes del museo se centran en las pulidas exhibiciones del National Mall en Washington, D.C., existe una realidad mucho más amplia en las afueras de la ciudad. Escondido en Suitland, Maryland, en el Centro de Apoyo al Museo Smithsonian (MSC), se encuentra un archivo vasto y silencioso que contiene millones de los tesoros biológicos, geológicos y culturales más extraordinarios del mundo.

Esto no es simplemente un almacén; es una “catacumba” de alta tecnología de datos científicos que sirve como registro definitivo de nuestro planeta.

Un repositorio de escala infinita

Sólo el Museo Nacional de Historia Natural gestiona una colección de casi 150 millones de objetos. Debido a que el edificio principal del museo no puede albergar este volumen, el MSC se estableció en 1983 para actuar como un centro de investigación y almacenamiento especializado.

Las instalaciones están organizadas en enormes “cápsulas”, cada una de ellas aproximadamente del tamaño de un campo de fútbol y de tres pisos de altura. Para poner en perspectiva la escala de la colección:
La colección húmeda: Aproximadamente 25 millones de especímenes (incluidos pulpos, corales y camarones) se conservan en líquido. Estos frascos ocupan más de 72 kilómetros de estanterías, una distancia cuatro veces mayor que el descenso al fondo del Gran Cañón.
Gestión química: El mantenimiento de esta colección requiere casi 2 millones de litros de etanol, que deben reponerse constantemente para evitar la evaporación y la descomposición de las muestras.

Más allá del almacenamiento: un laboratorio para el futuro

Un error común es creer que los almacenes de los museos son un “cementerio” de objetos antiguos. En realidad, estas colecciones son herramientas dinámicas que se utilizan para resolver misterios modernos.

Los archivos del Smithsonian permiten a los científicos mirar hacia atrás para comprender el presente y predecir el futuro. Por ejemplo:
Descubrimiento genético: Los investigadores actualmente están utilizando ADN de poblaciones de elefantes africanos perdidas hace mucho tiempo para comprender la biodiversidad.
Historia ambiental: Las muestras de huevos de aves de décadas de antigüedad fueron fundamentales para demostrar cómo el insecticida DDT provocó el adelgazamiento de la cáscara del huevo, un factor clave en la casi extinción del águila calva.

“Existe una nube de conocimiento sobre el planeta que existe sólo porque tenemos colecciones en los museos”, dice Kirk Johnson, director del Museo Nacional de Historia Natural.

Los “héroes anónimos” y los especímenes extraños

Un vistazo detrás de escena revela que mantener estas colecciones requiere tanto seguridad de alta tecnología como ayudas biológicas no convencionales.

El equipo de limpieza biológica

Para preparar los esqueletos para su exhibición, el museo emplea escarabajos de las pieles (Dermestes maculatus ). En lugar de utilizar productos químicos agresivos o una descomposición lenta, estas larvas arrancan eficazmente el tejido blando del hueso. Solo en 2025, estos escarabajos procesaron 429 esqueletos, desde pequeños colibríes hasta enormes cráneos de ballena.

Mimetismo y rarezas de la naturaleza

El MSC alberga especímenes que muestran las formas increíbles, a menudo grotescas, en que ha evolucionado la vida:
La orquídea lengua: Una planta enorme que imita el olor de la carne en descomposición para atraer a los escarabajos carroñeros para la polinización.
La orquídea Drácula: Una flor que imita la apariencia y el aroma de los hongos para engañar a los mosquitos de los hongos.
Tesoros culturales: Tocados vibrantes de ave del paraíso de Papúa Nueva Guinea, diseñados para crear la ilusión de vuelo durante las danzas rituales.

Proteger lo “real” en la era digital

Mantener el MSC es una batalla constante contra la física y la naturaleza. La instalación emplea seguridad las 24 horas del día, los 7 días de la semana para protegerse contra algo más que robos; las verdaderas amenazas son cortes de energía, inundaciones, incendios y evaporación. Los congeladores especializados deben seguir funcionando para preservar el ADN, mientras que los frascos llenos de alcohol plantean un riesgo constante de evaporación o combustión.

En una era cada vez más dominada por la Inteligencia Artificial y las simulaciones digitales, los archivos físicos del Smithsonian ofrecen algo insustituible: realidad tangible. Como señala la científica jefa Rebecca Johnson, mientras el mundo avanza hacia lo virtual, sigue existiendo una profunda necesidad humana de tocar, oler y estudiar el registro físico real de nuestra existencia.


Conclusión: El Centro de Apoyo del Museo Smithsonian funciona como la memoria biológica y cultural de la Tierra, proporcionando la evidencia física necesaria para que los científicos rastreen los cambios ambientales y comprendan la historia de la vida en nuestro planeta.