Las agencias de inteligencia occidentales han vinculado la muerte del líder de la oposición rusa Alexei Navalny en una colonia penal de Siberia con una neurotoxina muy potente derivada de ranas venenosas nativas de América del Sur. Se encontraron rastros de epibatidina en muestras tomadas del cuerpo de Navalny, y los funcionarios afirmaron que Rusia poseía los medios, el motivo y la oportunidad para desplegar esta sustancia letal. El Kremlin ha desestimado estos hallazgos calificándolos de “campaña de información”.
La toxina: epibatidina
La epibatidina es una neurotoxina natural aislada de la piel de ciertas ranas venenosas ecuatorianas, en particular la rana flecha venenosa de Anthony y la rana venenosa fantasmal. Es excepcionalmente potente, se estima que es 200 veces más potente que la morfina. Si bien se encuentra naturalmente en las secreciones de estas ranas, también se puede sintetizar en un laboratorio. La toxina no es autóctona de Rusia y está ausente en las ranas dardo cautivas, lo que hace que su presencia en el sistema de Navalny sea muy sospechosa.
Cómo funciona la epibatidina: un mecanismo mortal
La epibatidina actúa sobre los receptores nicotínicos del sistema nervioso, provocando sobreestimulación que provoca espasmos musculares, parálisis, convulsiones, frecuencia cardíaca lenta y, en última instancia, insuficiencia respiratoria. Según los expertos en toxicología, el método de muerte es esencialmente la asfixia. Los efectos de la toxina pueden amplificarse cuando se combina con otras sustancias, lo que sugiere una administración deliberada y calculada.
Rareza e implicaciones de uso
La epibatidina es extremadamente rara, se encuentra sólo en una región específica de América del Sur y en cantidades mínimas en la naturaleza. Obtener suficiente cantidad para un envenenamiento letal requiere encontrar ranas con las condiciones dietéticas exactas necesarias para producir la toxina, una hazaña increíblemente desafiante. Esta rareza sugiere que el veneno fue sintetizado o obtenido a través de medios especializados.
Narrativas contradictorias: la respuesta de Rusia
Los laboratorios occidentales han confirmado la presencia de la toxina en el sistema de Navalny. Sin embargo, Moscú ha sostenido constantemente que Navalny murió por causas naturales, afirmación cuestionada por su viuda, Yulia Navalnaya, quien afirma que fue asesinado. La embajada rusa en Londres ha desestimado las acusaciones como “necropropaganda” y “debilidad mental”, mientras que la portavoz del Kremlin, Maria Zakharova, calificó los informes como un intento de distraer la atención de los problemas occidentales.
El contexto más amplio
El uso de una toxina tan rara y específica plantea interrogantes críticos sobre los asesinatos patrocinados por el Estado. La precisión del método sugiere un alto grado de planificación y acceso a recursos especializados. Si bien se ha investigado la epibatidina para posibles aplicaciones para aliviar el dolor, su extrema toxicidad hace que su uso clínico sea poco práctico. Este caso subraya el potencial de las armas no convencionales en los objetivos políticos y destaca hasta dónde pueden llegar ciertos actores para eliminar a las figuras de la oposición.
Las pruebas apuntan hacia un envenenamiento deliberado y, a pesar de las negaciones rusas, la rareza y la potencia de la toxina sugieren una operación calculada y dirigida.















