Susan E. Leeman, una neurocientífica innovadora que cambió fundamentalmente nuestra comprensión de cómo el cerebro se comunica con el cuerpo a través de señales químicas, falleció el 20 de enero en Manhattan a la edad de 95 años. Su investigación, a menudo realizada con una dedicación poco convencional, reveló vínculos críticos entre la actividad cerebral y las respuestas físicas, particularmente en el ámbito de la percepción del dolor.

La búsqueda de la sustancia P

La carrera de la Dra. Leeman se definió por su incesante búsqueda de comprender los neuropéptidos: pequeñas moléculas similares a proteínas que transmiten señales entre las células nerviosas. A finales de la década de 1960, mientras dirigía un laboratorio en la Universidad Brandeis, se enfrentó a una escasez crucial de suministros mientras investigaba las hormonas del estrés. Sin dudarlo, viajó a Chicago Union Stock Yards, un enorme centro de procesamiento de carne, para obtener tejido fresco de hipotálamo bovino. Esta voluntad de llegar a extremos subrayó su compromiso con la observación directa y el rigor experimental.

Aunque su objetivo inicial era una hormona del estrés, su trabajo condujo inesperadamente a la identificación definitiva de la Sustancia P en 1970. Descubierta por primera vez décadas antes, su verdadera naturaleza como neuropéptido siguió siendo difícil de alcanzar hasta que la investigación del Dr. Leeman demostró que era liberada por el cerebro y la médula espinal en respuesta al dolor. Tres años más tarde, identificó un segundo neuropéptido crucial, consolidando su estatus como figura destacada en neuroendocrinología.

Un legado en neuroendocrinología

Antes del trabajo del Dr. Leeman, se sabía que existía la Sustancia P, identificada en 1931 por Ulf von Euler y John Gaddum en Londres. Sin embargo, fue Leeman quien estableció su papel como neuropéptido, una molécula mensajera que vincula directamente la función cerebral con las sensaciones físicas. Sus descubrimientos no solo hicieron avanzar la neurociencia básica, sino que también abrieron vías para comprender el dolor crónico, la inflamación y otras afecciones relacionadas con la conexión cerebro-cuerpo.

La muerte de la Dra. Leeman fue confirmada por sus hijas, Jennifer y Eve Leeman. Le sobrevive su familia y su investigación continúa influyendo en los estudios neurológicos modernos.

El trabajo del Dr. Leeman fue impulsado por una profunda curiosidad y la voluntad de desafiar los métodos convencionales, dejando un legado que reformuló la forma en que vemos la relación entre la mente y el cuerpo.