La rápida expansión de la actividad en la órbita terrestre y más allá, impulsada por lanzamientos más baratos, constelaciones masivas de satélites y un aumento de las empresas comerciales, está exponiendo lagunas críticas en el derecho espacial existente. El marco legal actual, arraigado en gran medida en la década de 1960, lucha por abordar los desafíos de un entorno espacial dramáticamente más poblado y comercialmente activo.

Fundamentos obsoletos

El principal acuerdo internacional que rige el espacio, el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967, se forjó durante la Guerra Fría, cuando sólo dos naciones (Estados Unidos y la Unión Soviética) tenían capacidades espaciales sustanciales. Este tratado y los acuerdos posteriores carecen de los matices necesarios para gestionar la compleja realidad actual. El surgimiento de actores privados, el aumento del tráfico orbital y el creciente interés en las misiones lunares exigen un enfoque más dinámico de la gobernanza espacial.

Desafíos de gobernanza

La gran cantidad de satélites, particularmente constelaciones grandes como Starlink de SpaceX, está creando un riesgo de colisión que los marcos existentes luchan por mitigar. Incluso cuando existe consenso sobre las acciones necesarias (como protocolos estandarizados de salida de órbita o una mejor gestión del tráfico espacial), sigue siendo difícil llegar a acuerdos universales y vinculantes. El problema fundamental es que el sistema actual carece de un mecanismo eficaz para hacer cumplir la cooperación.

Una solución propuesta: una COP espacial

Ely Sandler, becaria de la Escuela Kennedy de Harvard, aboga por un modelo de “Conferencia de Partes” (COP), similar a los utilizados en las negociaciones climáticas, para abordar estas deficiencias. Este enfoque facilitaría el diálogo regular y la elaboración gradual de leyes, en lugar de depender de tratados de todo o nada. Una COP espacial podría centrarse en dos áreas clave:

  1. Áreas de amplio acuerdo: Implementar procedimientos estandarizados de desorbitación, establecer protocolos claros de gestión del tráfico espacial y desarrollar un régimen de responsabilidad para incentivar el comportamiento responsable.
  2. Preocupaciones futuras: Abordar las ambigüedades legales que rodean la minería de recursos espaciales y definir zonas de seguridad aceptables en la Luna (según lo propuesto por los Acuerdos de Artemisa).

Por qué esto es importante

A diferencia de la política climática, que exige cambios económicos costosos, muchas medidas de gobernanza espacial son de costo relativamente bajo. Pasos simples de coordinación, como protocolos de comunicación estandarizados o planes de salida de órbita, pueden mejorar significativamente la seguridad y la sostenibilidad. La falta de adaptación podría provocar un aumento de los desechos orbitales, colisiones y disputas sobre los recursos, lo que en última instancia socavaría la viabilidad a largo plazo de las actividades espaciales.

La cooperación internacional sigue siendo posible

A pesar de una tendencia global más amplia que se aleja del multilateralismo, el espacio sigue siendo un área donde persiste la cooperación. Estados Unidos y Rusia continúan colaborando en la Estación Espacial Internacional y continúan debates productivos dentro del Comité de las Naciones Unidas sobre los Usos Pacíficos del Espacio Ultraterrestre. La necesidad de una acción coordinada puede pesar más que las tensiones geopolíticas en este ámbito.

El camino a seguir

El establecimiento de una COP espacial no sucederá de la noche a la mañana. Pero desviar la conversación de opciones extremas (ya sea una reforma legal completa o ninguna cooperación) es un primer paso crucial. La cuestión ya no es si la gobernanza espacial debe evolucionar, sino con qué rapidez podrá seguir el ritmo de las realidades de la nueva era espacial.

Los desafíos son reales y hay mucho en juego. El futuro de la exploración y comercialización espacial depende de nuestra capacidad para crear un marco legal adecuado al siglo XXI.