Durante décadas, el estudio de la inteligencia animal se ha centrado en primates, aves y unas pocas especies seleccionadas consideradas lo suficientemente “inteligentes” como para considerarlas seriamente. Pero un creciente conjunto de investigaciones está cambiando este sesgo, revelando capacidades cognitivas en criaturas que durante mucho tiempo hemos descartado como ingenuas. Un estudio reciente de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena lleva esta tendencia a una conclusión sorprendente: las vacas son capaces de utilizar herramientas flexibles y polivalentes, un rasgo que antes se pensaba exclusivo de los primates y de un puñado de otras especies.
La vaca que lo descubrió
El tema de esta investigación, una vaca llamada Veronika, aprendió espontáneamente a usar una escoba para rascarse. No se limitó a rascarse con él; lo giró para usar el extremo con cerdas para su espalda y el mango más suave para su parte inferior más sensible. Este no es solo un comportamiento aleatorio: demuestra una comprensión de las propiedades de la herramienta y cómo adaptarla a diferentes necesidades.
Este es el primer caso documentado del uso de herramientas tan versátiles en un mamífero no primate. ¿Por qué esto importa? Porque nos obliga a reconsiderar lo que asumimos sobre la cognición animal, especialmente en especies que explotamos como alimento.
El uso de herramientas no se trata sólo de instinto
Durante mucho tiempo, el “uso de herramientas” se definió de forma estricta. Construir un nido no cuenta, porque los materiales quedan fijos una vez colocados. El verdadero uso de herramientas requiere manipulación dinámica : romper nueces con una piedra, cavar insectos con una ramita. Este tipo de comportamiento alguna vez se consideró exclusivamente humano, pero las observaciones de Jane Goodall sobre chimpancés usando herramientas en la década de 1960 cambiaron eso.
Desde entonces, el uso de herramientas se ha encontrado en todo, desde larvas de hormiga león hasta avispas excavadoras. Sin embargo, la mayoría de estos comportamientos son altamente especializados y están integrados en sus genes durante millones de años. El comportamiento de Veronika es diferente: no le enseñaron, ella misma lo descubrió.
Los tres ingredientes de la inteligencia
El psicólogo Josep Call identifica tres componentes clave en el uso de herramientas creativas:
- Comprender las propiedades físicas: Saber cómo funciona un objeto.
- Resolución de problemas: Aplicar ese conocimiento a una nueva situación.
- Manipulación: La capacidad física y la inclinación a usar la herramienta.
Veronika demuestra los tres. Aprendió cómo se sentía la escoba, se dio cuenta de que podía provocar picazón y luego la manipuló de manera efectiva. No se trata sólo de capacidad física: los monos ardilla tienen manos similares, pero sólo los monos capuchinos manipulan objetos activamente.
La moralidad y nuestra opinión sobre los animales
Las investigaciones muestran consistentemente que nuestra percepción de la inteligencia de un animal influye directamente en cómo lo tratamos. Los participantes en los estudios califican a los animales con una menor capacidad mental percibida como más comestibles, mientras que aquellos con mayor inteligencia son vistos como menos aptos para el consumo. Incluso el encuadre importa: decirle a la gente que una criatura es una fuente de alimento les hace verla como menos capaz de sufrir.
El vínculo es claro: la forma en que vemos la mente de un animal da forma a nuestro cálculo moral. La historia de Veronika es solo la primera de muchas que desafiarán nuestras suposiciones sobre el ganado.
El mayor obstáculo no es la ignorancia científica, sino la disonancia cognitiva. Es más fácil negar que los animales tengan mente que enfrentar las implicaciones éticas de cómo los tratamos. Cuanto más aprendamos, más difícil será ignorar la verdad: estas criaturas son mucho más conscientes, capaces y merecen respeto de lo que les hemos dado crédito.














