Por primera vez, los astrónomos han documentado un cometa que invierte drásticamente su giro, un fenómeno observado en el cometa 41P/Tuttle–Giacobini–Kresák utilizando datos del Telescopio Espacial Hubble y otros observatorios. Este descubrimiento resalta la naturaleza volátil de los cometas y sugiere que este cuerpo celeste en particular puede estar en camino a la autodestrucción.

El giro inesperado

El cometa 41P, un cometa de la familia de Júpiter con una órbita de 5,4 años, exhibió un cambio errático en la velocidad de rotación entre 2017 y 2018. Inicialmente giraba una vez cada 46 a 60 horas, pero se desaceleró antes de acelerar a un período de rotación de 14 horas. Fundamentalmente, el cometa invirtió completamente su dirección de giro durante este tiempo. Esta observación, compilada por el Hubble, el Observatorio Swift de la NASA y el Telescopio Lowell Discovery, no tiene precedentes en los estudios de cometas.

Cómo los aviones impulsan el caos

Se cree que la causa de este dramático cambio son los chorros de gas desiguales que surgen de la superficie del cometa a medida que se acerca al sol. Estos chorros actúan como pequeños propulsores, ejerciendo torsión sobre el pequeño núcleo de 1 milla de ancho. Como explicó el científico planetario David Jewitt: “Los chorros de gas que salen de la superficie pueden actuar como pequeños propulsores. Si esos chorros se distribuyen de manera desigual, pueden cambiar drásticamente la forma en que gira un cometa, especialmente uno pequeño”. El pequeño tamaño del cometa lo hace particularmente susceptible a estas fuerzas de torsión.

Un cometa al borde del abismo

Este comportamiento errático no es sólo curioso; sugiere inestabilidad. La actividad del cometa ha disminuido en un orden de magnitud desde 2001, posiblemente debido a la disminución de los hielos volátiles o del polvo que se acumula en la superficie, aislándolos del calor del sol. Jewitt predice que las continuas fluctuaciones de giro eventualmente abrumarán la integridad estructural del cometa.

“Espero que este núcleo se autodestruya muy rápidamente”, afirmó Jewitt, advirtiendo que las fuerzas centrífugas de la rápida rotación podrían destrozar el cometa.

La observación de la inversión de giro del cometa 41P sirve como un claro recordatorio de las fuerzas dinámicas, a menudo destructivas, que actúan en nuestro sistema solar. El destino del cometa subraya la corta vida útil de muchos cometas pequeños, destinados a desintegrarse bajo el estrés de su propia actividad volátil.