Durante generaciones, los agricultores de Sicilia han considerado las cenizas volcánicas del Monte Etna como una molestia. Pero ahora, con erupciones cada vez más frecuentes e intensas, se está produciendo un cambio: las cenizas están siendo reconocidas no como una amenaza, sino como un recurso valioso y sostenible. Los agricultores ahora están adoptando la ceniza como fertilizante natural, reduciendo la dependencia de productos químicos y adoptando un enfoque exclusivamente volcánico para la agricultura.
La magnitud del problema y la oportunidad
El Monte Etna, el volcán más activo de Europa, deposita una media de 12.000 toneladas de ceniza diariamente en las ciudades circundantes durante las erupciones. En julio de 2024, solo en la ciudad de Catania se cayeron 17.000 toneladas en un solo día, y su limpieza tardó casi diez semanas. Durante años, esto se consideró una fuerza puramente destructiva, que perturbaba la agricultura y contaminaba el riego. Sin embargo, un estudio de cinco años realizado por la Universidad de Catania ha revelado su potencial.
El estudio encontró que la ceniza del Etna es rica en hierro, aluminio y sílice, nutrientes que mejoran el drenaje del suelo y proporcionan fertilización natural. El productor de frutas tropicales Andrea Passanisi, que cultiva 100 hectáreas cerca de Giarre, utiliza ahora la ceniza como parte fundamental de su proceso de fertilización. “Nos permite utilizar menos productos químicos, lo que hace que la fertilización sea más barata y más sostenible”, afirma. “Es el futuro de la agricultura”.
Más allá de la agricultura: un recurso versátil
El potencial no se limita a la agricultura. Los investigadores dirigidos por Paolo Roccaro han identificado usos de la ceniza en la construcción de carreteras, aislamiento de paredes, purificación de agua e incluso como material para impresoras 3D. Esta versatilidad ha llevado a algunos a llamarlo “un regalo que cae del cielo”, sentimiento del que se hace eco el propietario del viñedo, Emilio Sciacca, quien deja que la ceniza se acumule en su tierra para mejorar naturalmente el drenaje y la fertilización.
El obstáculo regulatorio
A pesar de los claros beneficios, el uso comercial generalizado enfrenta una barrera importante: las regulaciones ambientales europeas. Las leyes actuales clasifican las cenizas volcánicas como residuos municipales si las recogen equipos de limpieza, lo que exige una eliminación costosa en vertederos autorizados: alrededor de 300 euros por tonelada. Sin embargo, reciclarlo para uso comercial podría reducir ese coste a sólo 30 euros. Esta discrepancia provocó crisis financieras en las ciudades sicilianas en 2021 y provocó directrices regionales para la reutilización de cenizas en 2024.
Sin embargo, más de un año después, no hay ninguna empresa registrada oficialmente para recolectar y refinar cenizas para la producción. El desafío clave sigue siendo convencer a los reguladores de que las cenizas son un recurso, no un desperdicio.
El ejemplo de Islandia: beneficios a largo plazo
La historia no es exclusiva de Sicilia. Los agricultores de Islandia también aprendieron a aceptar las cenizas volcánicas después de la erupción de Eyjafjallajökull en 2010. Si bien inicialmente era una amenaza para el ganado debido al envenenamiento por fluoruro, los agricultores de trigo como Thórarinn Ólafsson descubrieron que la ceniza en realidad mejoraba la calidad de los cultivos a largo plazo. Otros están encontrando usos creativos, como el ceramista Guðbjörg Káradóttir, que incorpora ceniza volcánica en sus creaciones de porcelana como símbolo cultural.
De residuos a recursos
Por ahora, la transformación depende de personas como Nilla Zaira D’Urso, una curadora de arte que convierte las cenizas en recuerdos, demostrando que incluso una “molestia” puede convertirse en una ventaja. El cambio de ver la ceniza como una carga a aceptarla como un aliado está ganando impulso.
El futuro de las cenizas del Etna depende de cambios de políticas y de su adopción comercial. Pero, como lo demuestran Sicilia e Islandia, a veces los recursos más valiosos caen directamente del cielo.
