Durante décadas, la cuestión de quién creó realmente a He-Man no fue sólo una cuestión trivial. Fue una disputa en toda regla.

Roger Sweet, director creativo de Mattel, y Mark Taylor, el diseñador, reclamaron el trono. Discutieron sobre bocetos, prototipos y ajustes finales. La historia es confusa. Se trata de tres prototipos distintos. Sweet los probó a todos. Le pidió a Taylor que diseñara uno. El juguete final mantuvo algunas de las líneas de Taylor. Pero Sweet hizo muchos cambios. Afirma que el crédito pertenece al producto final, no al boceto inicial.

El conflicto se prolongó durante años. Esto derivó en batallas legales. Donald Glut, el escritor detrás de los primeros minicómics de Masters of the Universe, intervino. Afirmó la propiedad de los derechos de autor de los personajes en 2013. Mattel no dio marcha atrás. Ellos demandaron. Ellos ganaron. El tribunal dio la razón al fabricante de juguetes. La disputa del creador siguió sin resolverse ante el público, incluso cuando el asunto legal se cerró.

Luego, el tiempo pasó factura.

Mark Taylor murió en diciembre de 2021. Roger Sweet falleció en abril de 2026. Cuando ambos hombres se fueron, el ruido cesó. Pero surgió una nueva petición. Marlene Sweet, la viuda de Roger, se acercó al equipo detrás de la próxima película Masters of the Universe. Su mensaje fue claro. La dedicación debe honrar a ambos hombres. No sólo su marido. Pero Taylor también.

El debate sobre quién trazó la primera línea, quién aprobó el molde final y quién merece la nota histórica a pie de página es ahora discutible. La película llevará sus nombres juntos.

“Dedicar la película no sólo a Sweet sino también a Taylor”.

Es un raro momento de unidad en una historia fracturada. Los personajes siguen vivos. Se recuerda a los creadores. La película avanza. ¿Pero el origen exacto? Eso sigue siendo una confusión de afirmaciones superpuestas y recuerdos contradictorios. ¿Quién construyó realmente He-Man? Quizás ambos. Quizás tampoco. La verdad está enterrada bajo décadas de estrategia corporativa y ego artístico.

La película llegará pronto. Tendrá su propia versión de los hechos. Un nuevo canon. Uno que finalmente podría hacer descansar al fantasma. O al menos darle una despedida adecuada.